domingo, 29 de julio de 2012

Roca Partida y Montepío, un pedacito de cielo

Hace unos días pasé con algunas personas muy queridas un agradable fin de semana en la costa de los Tuxtlas. Tomando la carretera Veracruz-Alvarado-Catemaco (el camino que continúa hacia Coatzacoalcos), la mejor ruta es, unos 8 kilómetros adelante de Angel R. Cabada, tomar la carretera a la izquierda rumbo a Montepío. La carretera es angosta pero en muy buenas condiciones. Sólo unos 25 minutos después de la desviación, te topas de frente con el mar, y los siguientes -¿qué será?- 20 kilómetros son bonitos paisajes de mar de un lado y del otro los campos de un verde intenso en colinas onduladas, montes y montañas.

Uno de los datos que más me llaman la atención de los Tuxtlas es que se trata de la única cadena montañosa en todo el Golfo de México que llega hasta el mar. Eso propicia, aparte de interesantes paisajes, que el rico suelo volcánico favorezca -¡y de qué forma!- la proliferación y diversificación de la flora y la fauna. La UNAM tiene allí una unidad científica de investigación pues, por mencionar un hecho, existe en los Tuxtlas mayor número de especies de aves que en toda Costa Rica, que es famosa por su rica biodiversidad. El suelo montañoso favorece que haya corrientes de agua, cascadas, arroyos, ríos y lagos. Cuando las colinas y cerros llegan hasta el mar muchas veces terminan en espectaculares acantilados donde la erosión ha formado cuevas. Y, especialmente, y en todos lados, se ve un verde intenso y de varias tonalidades, que es una delicia a la vista.

La comunidad más grande de la zona -y que no llega a los 1,000 habitantes, pues todas son pequeñas comunidades de pescadores, es Montepío, donde pasamos la noche. Su playa es una ancha extensión de arena más clara, más suave, pero sobre todo más limpia -mucho, mucho más limpia- que la arena de las muy visitadas playas de Veracruz y Boca del Río. En Montepío vierten sus aguas dos pequeños ríos que, dado que nacen en las montañas cercanas, no recorren la suficiente distancia como para calentarse, hacerse profundos o ensuciarse. Cuando te bañas en Montepío, aún en temporada calurosa, el agua se siente fresca y muy agradable.

Roca Partida es la más bonita de las formaciones rocosas que sobresalen en la línea costera y tiene la más grande de las muchas cuevas de la zona. Entrar a la cueva es una sensación que te causa mucha emoción y expectación. Dicen que ésa fue la cueva preferida del pirata Lorencillo.

Llegamos también a una playa únicamente accesible en lancha, donde el agua es transparente y, con un poco de suerte, puedes tener la playa privada sólo para ti y tu grupo.

Con todo esto, fue un viaje muy bonito, en un lugar que considero tiene todos los ingredientes para atraer más turismo, que redunde en beneficios para los pobladores, siempre y cuando se desarrolle un plan de desarrollo que, en lugar de favorecer a grandes grupos hoteleros o restauranteros, sea manejado por los propios tuxtlecos, después de una adecuada asesoría del Gobierno, y reciban ellos mismos los beneficios de aprovechar, ecológicamente, de una forma limpia y ordenada, los recursos que la naturaleza les brindó. Y todo ello a 2 1/2 horas del puerto de Veracruz.
El gran misterio es que esta zona sea tan poco conocida, y mientras tanto, los veracruzanos tenemos a tan corta y accesible distancia un lugar limpio y sin aglomeraciones que no tiene nada que pedirle a ninguno de los grandes centros turísticos del país.

Eso sí, si alguien espera un Hilton, un Señor Frogs, o un club de playa como para "springbreakers" se va a decepcionar. Por mi parte, el no tener nada de eso es parte de su encanto, por lo que sin duda a este lugar "no le duele nada".

jueves, 5 de julio de 2012

López Obrador ahora, hoy y siempre

Sr. López Obrador, respetuosamente le pregunto:
1. Cuando dice que el proceso electoral tuvo inconsistencias, ¿ha mencionado ya que, a diferencia de en el 2006, su derrota es irreversible, dada la enorme diferencia oficial en votos entre usted y Peña Nieto, y que por consiguiente no se gana con marchas en la calle, sino fomentar el odio y el encono?
2. Los jóvenes salen a la calle a reclamar voto por voto, casilla por casilla, ¿cuándo les va a decir que el recuento total de actas va contra la ley electoral?
3. Al ver a los jóvenes salir a la calle a repudiar a Peña Nieto, ¿usted tendrá la hombría de decirles que la “culpa” de que él haya obtenido “oficialmente” más votos no es de él, sino de la gente que votó por él?
4. Cuando los jóvenes repudian al IFE, ¿no cree justo decirles que ese instituto lo único que ha hecho es el admirable ejercicio de respetar la ley? ¿o acaso no lo quiere decir porque usted piensa que no es admirable el respetar la ley?
5. Con la gran responsabilidad que usted tiene dada la influencia que ejerce en esos jóvenes, ¿no cree necesario confesarles que nos mintió a todos cuando antes de las elecciones dijo que respetaría el voto de la gente?
6. Usted acusa a Peña Nieto del espacio publicitario que ha recibido en los últimos años, por lo que, entrados en materia, ¿cuándo va a reconocer ante ellos que usted tiene 12 años en campaña política, y que en ese tiempo ha recibido como 10 veces más atención de los medios de comunicación –y que aún así más de las dos terceras partes de los mexicanos tenemos una mala imagen de usted?
7. Es común de la naturaleza del ser humano el pensar que si en su círculo social hay muchos que piensan como uno, eso significa que los que piensan igual son mayoría en el país. A ellos, ¿buscará orientarlos diciéndoles que existe un México fuera de ciertos ámbitos estudiantiles y de su círculo de amistades en Facebook, y que fuera de esos ámbitos cerrados, más de las dos terceras partes de los mexicanos no votamos por usted?
8. ¿Cuándo va a decirles a esos jóvenes -que hace 6 años no tenían aún mucha conciencia política-, que fue su actitud de intolerancia de entonces la razón por la cual los mexicanos que sí nos acordamos le dimos un NO rotundo a la posibilidad de que usted nos gobernara?
9. Finalmente, ¿tendrá usted los pantalones para confesar que si usted hubiera tenido más amor por México y menos por sí mismo, hubiera permitido que un perredista con mayor porcentaje de aprobación –Marcelo Ebrard- hubiera sido el candidato? ¿y que por culpa de usted los mexicanos no le dimos el triunfo a la izquierda a la que usted tanto dice defender?
Señor López Obrador, a nombre de muchos: ya no le haga más daño a México. Nuestro país necesita una izquierda moderna y confiable, sin mesianismos, odios, ni mentiras, que sea una opción viable de verdadero cambio. Usted le ha hecho un gran daño al PRD, a la izquierda mexicana, a las instituciones democráticas, y a todo México. SÍ, NECESITAMOS UN CAMBIO, NO LO NECESITAMOS A USTED.

lunes, 4 de junio de 2012

Fox apoya a Peña Nieto, ataca a López Obrador


Vicente Fox, a mi juicio, ha cometido un error al predecir como inevitable el triunfo de Peña Nieto el próximo 1 de julio, cuando estamos aún a 27 días de las elecciones. Fox parece desconocer que en una democracia todo puede cambiar en cualquier momento, con un error del candidato puntero o una serie de aciertos de alguien entre el resto.
El mensaje que ha vertido hubiera traído consonancias con el de un verdadero ex estadista si lo hubiera expresado tras la teórica victoria del priísta, y no ahorita.
Pero yo creo que lo que más se le está criticando en estos momentos a Fox no es el haberse adelantado en los tiempos, y la gran mayoría de México coincide con él en lo inevitable e irreversible del triunfo de Peña –y más si Fox es ampliamente conocido por su carácter atrabancado. Me parece, más bien, que lo que se le critica es el congruencia o sensatez de sus palabras. Leyendo los comentarios al artículo correspondiente a la nota, publicada por Proceso en su página web, veo un apabullante consenso en las descalificaciones contra Fox, a razón de 255 opiniones en contra por 2 o 3 a favor. Y leo descalificativos como:
-Este wey lo único que está haciendo es darle la razón al Peje: el PAN y el PRI son los mismo.
-Por favor ya cállate foximiliano, que martucha ya le dé su medicina, que ya le hace falta.
-Miedo, lo que tú tienes se llama miedo.
-Pinche Fox, chinga tu madre.
-Pérfido traidor, cobarde.
-Pendejo ambicioso.
-El asno que nunca se aprendió la tonada.
-Etc., etc., etc.
Pero la mayor “chulada” de todas por todo lo que conlleva la dijo ni más ni menos que López Obrador: “es una canallada… lo pinta como es… es una inmoralidad lamentable”.
Y yo le pregunto a López Obrador, ¿otra vez volvió usted a ser el sumo sacerdote poseedor de la verdad, que se toma la libertad de llamar canalla e inmoral a quien no piensa como usted, o a quien se atreve a criticarlo, o a defender a sus adversarios?
¿Apenas una encuesta dice que se ha acercado al puntero y se envalentona de esa manera?
¿Tan fácil fue que aflorara de nuevo el verdadero AMLO, no el farsante de la “República amorosa”, sino el intocable e intachable, el árbitro de la verdad suprema, el de “quien no nos apoya, está en nuestra contra, y en contra de México”?
¿Qué podemos esperar de usted cuando se dé el hipotético caso –Dios no lo quiera- de llegar a la Presidencia?
No, señor López Obrador, a la menor oportunidad muestra usted su verdadera cara, la de la intolerancia, la misma que ha sido causa de TANTO DAÑO en la historia de México.
Si usted, señor López Obrador, es así, no le puede hacer bien a México, sino al contrario.
Y volviendo a Fox, ¿qué dijo exactamente?
  1. Que Peña Nieto va a ganar. Estoy seguro que cometió el error de adelantarse, pero, ¿acaso no es lo que todos creemos o hemos creído? ¿cuál fue su error? ¿decir en público lo que todos en privado hemos dicho o pensado? Eso, con el perdón de quien esto lea, se llama TENER PANTALONES.
  2. Que no cree que el movimiento #YoSoy132 haya surgido por generación espontánea sino que alguien lo armó para impulsar a AMLO y dividir al país. ¿Acaso alguien está seguro que lo que dice Fox es falso? Lo que hizo Fox se llama emitir un juicio válido, cierto o no, e iniciar una muy sana discusión pública de un tema público. Y a quien no le guste sólo lo puedo llamar intolerante.
  3. Que el acelerado crecimiento que ha presentado AMLO es falso y está inflado. Yo desde hace mucho he creído que la ventaja de Peña Nieto según las encuestas está inflada y no corresponde con la realidad. Si en ese momento esa opinión era válida, también lo es que el crecimiento repentino de AMLO está motivado por algo irreal. Fox, lo que ha hecho, es poner el dedo en la llaga de algo que todos los mexicanos hemos comentado muchas veces: que las encuestas no son fiables. El decir públicamente lo que TODOS hemos dicho o pensado en privado se llama VALENTIA.
  4.  Que AMLO tiene una propuesta que parece más del siglo XX que del XXI, y que no hay veracidad en lo que dice, que es un engaño. ¿No es eso, acaso, lo que al menos un 60% o 70% de los mexicanos cree, al darle la espalda en el voto? Vicente Fox siempre ha creído que las propuestas económicas de AMLO son fundadas en el error; yo también siempre lo he creído. No es que como se han hecho las cosas en los 12 años de panismo que hemos vivido sea la manera correcta; pero Fox reafirma que un peor camino es el propuesto por AMLO, y en eso Fox está siendo, como siempre en este tema, CONGRUENTE.
  5. Que hay que unirse al virtual ganador para que gobierne con la unidad y no con la división, y sería equivocado que siguiéramos seis años atacándonos unos a otros. ¿Qué decir de esta declaración? ¿Ingenuo en el sentido de que México puede avanzar si todos apoyamos al PRI? Probablemente. ¿Audaz y valiente? Creo que también. Y soñador. Creo que las más grandes e improbables obras surgen de grandes ideas, y éstas nacen de sueños, que en su origen pueden parecer improbables y hasta absurdos. Vicente Fox puede hablar muy bien de eso, pues él fue el protagonista principal de un gran sueño, del progreso irrefrenable de una gran idea y de la realización de una gran obra, que parecía irrealizable. Sabemos lo que consumó el 2 de julio de 2000. Entonces, creo que antes de hablar de “foxilandia” y tacharlo de iluso, soñador o tonto, podríamos muy bien refrescar nuestra memoria y atestiguar que fuimos testigos de una proeza democrática, cuyo gran impulsor fue el hombre al que hoy casi todo mundo vilipendia. Y quizá podríamos comenzar a revalorar un poco al hombre que, podrá estar equivocado o no, pero muestra casi siempre una CONGRUENCIA que muchos quisieran (al oponerse a AMLO contra viento y marea), una VALENTIA para decir hasta lo más impopular (que en este momento es preferible apoyar a Peña Nieto que a AMLO), aún a sabiendas de que va a ser criticado, un AMOR POR MEXICO que lo lleva, incluso, a darle la espalda a su propio partido político si, desde su perspectiva, con ello va a ayudar a su país, y finalmente, un SUSTENTO político y personal que gana el que ha hecho algo de mérito en la vida, pues GRACIAS A EL México logró el cambio democrático en el 2000 cuando nadie creía que fuera posible tan pronto, y pocos muy pocos de los que hoy lo critican pueden presumir haber hecho en su vida algo tan memorable y transcendente como lo que hizo Fox hace ya 12 años.
      Para acabar, no simpatizo con el PRI (de ninguna manera ni por ningún motivo) ni quisiera que el PRI regresara a ocupar la Presidencia de la República. Pero hay veces que algo indeseable, que uno no quiere que suceda, puede resultar lo menos malo entre lo probable y lo posible.

martes, 15 de mayo de 2012

Peña Nieto, mito y engaño. Radiografía de mi incredulidad.

Enrique Peña Nieto tiene 45 años de edad. Es mexiquense. Es abogado con maestría en Administración de Empresas. Su familia ha ocupado cargos políticos, siempre en el PRI. Desde los 18 años está afiliado al PRI. Es pariente por vía materna del corruptísimo Arturo Montiel. Sucedió a Montiel como gobernador del estado de México (2005-2011) y, o lo encubrió o demostró su incapacidad al no poder hallarle nada ilícito, a pesar del evidente enriquecimiento de Montiel durante su sexenio. Estuvo casado 14 años hasta eviudar en 1997; procreó 3 hijos. En noviembre de 2010 se casó con Angélica Rivera. De su papel como gobernador se manejan cifras contradictorias, pero escudriñando en las mismas se ve un fuerte aumento en la deuda total del estado y en los asesinatos. En su campaña como candidato a la presidencia se ha rodeado de los políticos corruptos de siempre del PRI. Sus nexos con Carlos Salinas parecen ineludibles. No parece tener ningún logro sobresaliente o cualidad personal como para merecer ser candidato a la presidencia de México y gran favorito para las elecciones del 1 de julio.
Ésa es, a grandes rasgos, la biografía de Peña Nieto. ¿Por qué es candidato? Porque está bien emparentado y apalancado; porque es un hombre con suerte que ha estado en el lugar y momento correctos en varias ocasiones; porque proyecta una imagen de frescura (es "carita"); porque su juventud, inexperiencia e incapacidad lo presentan como un político maleable que podrá permitir el enriquecimiento de muchos políticos y empresarios inescrupulosos.

Todo eso, sin embargo, es del dominio público, al menos, quiero pensar, lo conoce la gran mayoría de los mexicanos. Si no es nada nuevo, no vale siquiera la pena abundar en el tema.
Lo que sí me llama mucho la atención es que, de acuerdo a la última encuesta de Consulta Mitofsky, el 38% de los mexicanos vaya a votar por él, un 17% más que el porcentaje del segundo lugar.
A ese 38% se me ocurre que se le puede encuadrar en alguna de las siguientes subcategorías:
1) Interesados en sacar provecho.
2) Los que lo apoyan porque es parte de su trabajo, ya sea que estén en su campaña, o en un medio de comunicación como Televisa (si quieres estar mal informado, ve noticieros de Televisa o TvAzteca).
3) Los que creen que es el mejor candidato, que deben ser más del 30% de los mexicanos con edad para votar. A este grupo propongo dividirlo en:
3a) Los que piensan que el PAN ha gobernado mal, y por consiguiente no hay que votar más por el PAN (sin detenerse a considerar si el cambio de partido en el poder sería para bien).
3b) Los enamorados de Peña Nieto.
3c) Los ingenuos.
3d) Los soñadores ("que discurre fantásticamente, sin tener en cuenta la realidad").
3e) Los malinformados, que no conocen bien la biografía de Peña Nieto, ni saben lo suficiente de historia como para entender el daño que el PRI le ha hecho al país y, dado que el PRI no ha cambiado nada, el daño que le piensa seguir haciendo a México. Sólo basta ver quiénes apoyan a Peña Nieto para entender que nada en el PRI ha cambiado.
3f) Los tontos ("falto o escaso de entendimiento o razón").
3g) Los idiotas ("que padece un trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales").
3h) Los lelos ("fatuo, simple y como pasmado").
¿Realmente casi, o aproximadamente, la tercera parte de los votantes en México piensa que lo mejor es votar por Peña Nieto?
¿No les late más la idea de un cambio en las políticas públicas del país con el populista AMLO?
¿No confían más en una candidata del partido fuerte con menor historial de corrupción, candidata con buenas ideas, con una aparente mucha mayor capacidad que Peña Nieto, y que como secretaria de la SEP terminó peleada con Elba Esther?
A mí no me molesta que Peña Nieto sea candidato. Lo que me molesta es que tantos piensen votar por él.
Para mí lo increíble no es que Peña Nieto sea candidato. Pero sí que sea el favorito para ganar. ¿En serio tan mal estamos como país para votar por un candidato tan malo? (debo de conceder que no es el candidato más malo de las últimas elecciones, ése es definitivamente Roberto Madrazo).
Finalmente, dejo unas frases que me llegaron y me generan menos risa que tristeza:
"Si a un pendejo que va a PRESENTAR UN LIBRO
en una FERIA DEL LIBRO no se le ocurre que le pueden preguntar de LIBROS, la cosa es graciosa.
Si ese mismo pendejo NO SABE EL SALARIO MINIMO que se gana en el país,
la situación es TRISTE.
Si ese mismo pendejo está rodeado de MATONES y LADRONES,
la situación me está empezando a dar MIEDO.
Y si ese mismo pendejo aspira a GOBERNAR UN PAIS, la cosa es muy, muy grave y tenebrosa.
Pero si ese mismo pendejo GANA LAS ELECCIONES, es que su hija tiene razón, los pendejos somos nosotros."

jueves, 2 de febrero de 2012

Sólo le pido a Dios

Sólo le pido a Dios
que el dolor no me sea indiferente,
que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.


Sólo le pido a Dios
que lo injusto no me sea indiferente,
que no me abofeteen la otra mejilla
después de que una garra me arañó esta suerte.


Sólo le pido a Dios
que la guerra no me sea indiferente,
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente.


Sólo le pido a Dios
que el engaño no me sea indiferente,
si un traidor puede más que unos cuantos,
que esos cuantos no lo olviden fácilmente.


Sólo le pido a Dios
que el futuro no me sea indiferente,
desahuciado está el que ha de marchar
a vivir una cultura diferente.

domingo, 29 de enero de 2012

Tarahumaras, solución y no paliativos

El tema de moda en estos días (hoy menos que en días pasados) es la ayuda a los indígenas tarahumaras en su crisis alimenticia agravada recientemente por la sequía que padece buena parte de México. La novedad de este tema implica varias connotaciones que me generan preocupación:
1. Si el tema de ayudar a los tarahumaras está de moda, eso significa que antes no lo estaba, y que después muy probablemente tampoco lo esté. El tema de indígenas quitándose la vida por culpa del hambre es sumamente mediático y saltó al primer plano del interés público, pero cuando pase la novedad, corre el riesgo de dejar de ser interesante y quedar en el olvido una vez que a los indígenas tarahumaras se les acaben sus "5 minutos de fama".
2. Si la sociedad se interesó en ayudarles porque el tema les llamó la atención, esto pudiera implicar que para recibir la atención de la sociedad se requiere efectivamente llamar la atención de una forma colorida, escandalosa, folklórica, graciosa, triste, o lo que sea, siempre y cuando el hecho deje una impresión mayor que otras noticias; la competencia a nivel mercadotecnia.
3. Me llama la atención también el que las personas estemos siguiendo tanto la corriente de las modas, siendo que los problemas no llegan y desaparecen con la misma rapidez que las modas, sino que ya estaban y permanecen. El prestar atención sólo a los temas de moda indica ¿frivolidad? ¿superficialidad? ¿falta de compromiso?
¿Qué está contribuyendo a que los problemas permanentes dejen de importarnos? ¿acaso es el influjo constante de nuevos acontecimientos que compiten para ganar nuestra atención? ¿estamos siendo víctimas de la democratización de los medios de comunicación, en medios como Twitter y Facebook, en que nosotros mismos somos protagonistas de la formación y difusión de noticias, al grado de que competimos en esos medios por comentar el tema de moda, y cuando llega un nuevo tema, nos olvidamos del anterior (que ya fue muy comentado) y abordamos el tema siguiente?
Si lo dicho es cierto, cuando los usuarios de las redes sociales comentan con "aparente preocupación" un tema, ¿es dicha preocupación real o sólo un espejismo con el que disfrazamos nuestra falta de compromiso con los problemas reales que aquejan a los demás?
¿Qué hacer en este momento, ayudar a los tarahumaras? Por supuesto. ¿Ayudar al resto de comunidades en el país con serios problemas de pobreza, rezago, desnutrición, etc.? También. ¿Guiar nuestra ayuda de acuerdo a lo que se comenta en las noticias? Ese sería nuestro mayor error. ¿Lo ideal? Emprender una cruzada continua para combatir las causas primordiales de la pobreza en el país, para lo cual necesitamos mayor discusión y reflexión de esos temas. Urge que los temas formen parte de nuestra plática cotidiana. Si dejamos de hablar de la pobreza le estaremos dando la espalda a los pobres y desprotegidos. Olvidarnos de los pobres y con ello hacer como que no existen, no cambia en nada su realidad: siguen existiendo, siguen necesitando de nosotros y no se van a ningún lado.
Dar a los pobres ayuda, les resuelve sus necesidades inmediatas, pero no les ayuda a salir de la pobreza. El problema no se acaba.
Lo que los pobres necesitan es soluciones de fondo. Para hallar esas soluciones necesitamos hablar del tema. Los enemigos de los pobres son:
a) la apatía, que nos conduce a querer olvidarnos de sus problemas o de su existencia;
b) la pereza, que nos impulsa a no pensar en los problemas, por el trabajo que implica encontrar soluciones;
c) la frivolidad, que nos invita a prestarle más atención a todo lo gracioso que circula en los medios de comunicación y en las conversaciones diarias, que a los problemas de los demás.
d) la avaricia, que nos impide compartir lo que tenemos con los más necesitados.
Los pobres no se van a ir porque no hablemos de ellos. Los pobres no se van a ir porque los ayudemos cuando hay una emergencia como la de los tarahumaras. Los pobres necesitan que HABLEMOS de ellos para que las soluciones sean realmente SOLUCIONES y no meros paliativos, y que ACTUEMOS en una forma permanente llegando al fondo de sus problemas.

jueves, 26 de enero de 2012

Frases de un humanista excepcional

"La principal experiencia de aquel período... fue el descubrimiento de la esencial importancia de la juventud. ¿Qué es la juventud? No es solamente un período de la vida, sino también un plan concreto para comenzar a construir su vida. Esta es la característica esencial de la juventud... Cada educador, empezando por los padres, debe reconocer bien esta característica, y debe saberla reconocer en cada muchacho o muchacha; digo más, debe amar lo que es esencial para la juventud".
"Los jóvenes están dispuestos a ser reprendidos. Tienen necesidad de un guía y quieren tenerlo muy cerca. Si recurren a personas con autoridad, lo hacen porque las suponen ricas de calor humano y capaces de andar con ellos por los caminos que están siguiendo".
"El problema esencial de la juventud es profundamente personal. La juventud es el periodo de la personalización de la vida humana. Es también el período de la comunión: los jóvenes saben que tienen que vivir para los demás y con los demás; saben que su vida tiene sentido en la medida en que se hacen don gratuito para el prójimo".
"La capacidad de amar de modo auténtico, y no la gran capacidad intelectual, constituye la parte más profunda de una personalidad... El amor auténtico nos lleva a salir de nosotros mismos para afirmar a otros: es la dedicación de uno mismo a la causa del hombre, a la gente y a Dios."
¿El autor de estas frases? Karol Wojtyla, a sus treinta y tantos años de edad.

martes, 3 de enero de 2012

México y las ciudades más bellas del mundo

Recientemente leí un artículo que enlistaba las (según el autor) 17 ciudades más bellas del mundo. Si mal no recuerdo, la página web del artículo era Prodigy, por lo que muchísima gente en México tenía acceso a ella. Si bien de las 17 sólo he ido a 3, en términos generales estuve de acuerdo con la gran mayoría de ellas. Considero que algunas ausentes debieron estar ahí, y tengo duda con que se merezcan estar 3 o 4, pero la lista, considerando lo subjetivo y relativo de elaborar algo así, me parece adecuada.

Ninguna ciudad mexicana estuvo en la lista.

Lo que me llamó más la atención es que parece que le dijeron a los lectores del artículo "las ciudades de México están re' feas", porque al menos la mitad de quienes vertieron comentarios brincaron y levantaron su voz en señal de indignación. ¿A los mexicanos no se nos puede decir que lo mexicano no es "la mamá de Batman" porque tenemos ganas de golpear al que haya pronunciado semejante blasfemia? ¡Hay que bajarle el tono! A mí este asunto me brinca porque, entre amigos, familiares, en el trabajo, en la escuela, en donde sea, cuando se dice que algo mexicano es inferior a lo de otros países, siempre habrá varias voces (o todas las voces) que armarán tremenda bronca. Y ya hasta me da miedo hablar por temor a que me peguen o mínimo me mienten la madre. ¿No es, desde un punto de vista psicológico, eso un síntoma de un complejo de inferioridad? Esta hipótesis propone que aquello que nos acompleja será aquello que más nos molesta y desata nuestra agresividad. Si sabemos que algo no es cierto, a lo más nos molesta, pero no nos enoja. Si sabemos que algo es dolorosamente cierto, nos molesta y nos enoja.

Si la hipótesis que menciono es cierta, habría que preguntarnos qué es lo que nos molesta. Vamos a ver: a nivel de país, si en una plática con puros connacionales decimos que nuestras ciudades están sucias y les urge una limpieza a fondo, y que quiten a los vendedores ambulantes y a los limosneros, a los drogadictos, los grafitis, lo más probable es que haya un concenso en que eso es cierto y se debe hacer. Pero si en la plática hay extranjeros y es alguno de ellos el que hace el comentario, lo más seguro es que nos hierva la sangre y hasta iniciemos una discusión aún sabiendo en el fondo que no tenemos fundamentos para alegar lo contrario. Si condenso ambas situaciones, puedo decir que lo que nos molesta no es la realidad de nuestros defectos (en este caso, de nuestras ciudades) sino que alguien de fuera nos lo haga ver, porque nos damos cuenta que en la comparación con las gentes de otros países no salimos bien librados. Si un mexicano habla mal de México, se toma como una crítica constructiva, o con humor. Si un extranjero habla mal de México, lo tomamos como un ataque. Detrás de eso no puede haber sino un complejo porque esos comentarios venidos de fuera nos hacen ver que como país estamos mal, y si como país estamos mal, como nación y como pueblo también estamos mal.

Cuando los alemanes fueron rebajados tras su derrota en la SGM, y las naciones aliadas les restregaron en sus caras sus errores, ¿qué hicieron los alemanes? Asimilaron la enseñanza y lucharon para ser mejores; y por supuesto, lo consiguieron. Lo mismo ocurrió con los japoneses tras la SGM. Cuando en México nos hacen ver nuestros defectos, activamos un mecanismo de protección, mediante el que negamos la realidad, e inventamos argumentos para racionalizar argumentos en contrario. ¿Es eso lo que nos va a hacer mejores? ¿Cuándo vamos a aprender que en otros países no tienen nada contra México o contra los mexicanos? Si leemos acerca de la cultura de otros países vamos a ver que los ingleses se expresan con desdén de los estadounidenses, éstos hacen lo mismo con los canadienses, los franceses lo hacen con los españoles, los griegos con los turcos, los mexicanos con los estadounidenses (por supuesto), los chinos con los japoneses, etc., etc. Es parte de la ideología de las naciones. Lo que yo no entiendo es que los mexicanos creamos que todos los que no son latinoamericanos se expresan mal de los mexicanos. Más bien me parece que con esto proyectamos nuestro acomplejamiento como nación.

Volviendo al ejemplo de las 17 ciudades más bellas del mundo, ¿a qué ciudad mexicana postularíamos? Entre las propuestas vi algunas tan absurdas como las ciudades prehispánicas de Chichén Itzá y Monte Albán, que ¡ya no son ciudades! Muchos defendían a la ciudad de México, ¡que como ciudad englobando todo es espantosa! Y algunos decían (en el colmo del absurdo): "increíble que no haya ninguna ciudad de México, las ciudades mexicanas tendrán muchos defectos, pero también cosas buenas, y al menos a los mexicanos nos gustan, pues, además, tenemos que defender lo nuestro". ¿O sea que como tenemos que defender lo nuestro, en el mundo tienen que concordar que algunas de nuestras ciudades están entre las más bellas del mundo?

Yo creo que nos beneficia más como nación vernos en nuestra propia realidad y partir de ahí, con mucha energía y optimismo, para ACTUAR y ser cada vez mejores. Para ello, primero hay que ubicarnos en nuestra propia realidad, y no tomarnos nada personal.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Los equipos grandes en el futbol

¿Qué es lo que hace grande a un club de futbol? Se me ocurren las siguientes opciones:  


1. Sus títulos.
2. Sus títulos recientes.
3. Sus finanzas.
4. El número de simpatizantes.


Hay clubes que indudablemente cumplen con todos los supuestos. Me vienen a la mente el Real Madrid, el Barcelona, la Juventus, el Milán, el Inter de Milán, el Bayern Munich, el Manchester U y el Arsenal, ocho clubes en el mundo. El Liverpool, por ejemplo, no cumple con el segundo parámetro, con todo y ser el club inglés con más campeonatos en su liga, porque desde 1990 no se coronan. El Chelsea, por su parte, sólo tiene 4 títulos en su historia, por lo que no cumple con todas las condiciones. Clubes como el PSV, el Oporto y el Boca son muy dominantes en sus ligas, pero no tienen los recursos financieros para competir con los clubes realmente grandes del mundo.


Se puede, por otra parte, hacer una distinción, y aún reconociendo que los clubes grandes del futbol mundial son sólo los primeros 8 clubes mencionados, puede mencionarse que hay clubes que son grandes en su país, aunque no internacionalmente. Bajo ese supuesto, el PSV Eindhoven es un grande de Holanda pues reúne en ese país las 4 condiciones que inicialmente mencioné. Por su parte, el Boca Juniors no sería un club grande a pesar de sus títulos totales y recientes, de su infraestructura y de su hinchada, pues sus finanzas no son buenas. El Atlético Nacional de Colombia sería entonces un club grande, mientras que el Atlético de Madrid o el Liverpool no reunirían las condiciones.


Se puede hacer, también, una reconsideración de los requisitos para ser un club grande, y podría ser que reuniera, en el contexto de su país, 3 de los 4  requisitos que comenté al inicio (pues, por otra parte, no puedo asegurar que los 4 son igualmente de importantes).


Bajo este contexto (mucho más flexible, o si se quiere, condescendiente, ya que la vara es más baja), hay, seguramente, en la mayoría de los países muy futboleros, más de un club que pueden ser considerados grandes. Me gustaría analizar estas consideraciones en nuestro futbol mexicano, en el cual América, Chivas, Cruz Azul y Pumas son considerados por la mayoría de la gente los 4 (y únicos) clubes grandes de nuestro balompié.


A mí me llama la atención que a pesar de la falta de campeonatos que en diferentes momentos han tenido esos 4 clubes, en ningún momento se ha dejado de considerar grande a ninguno de ellos.


Por ejemplo, el Cruz Azul tuvo su último título en 1997, ¡hace 14 años de torneos cortos, dos por año!, y antes de ése se coronó por última vez en 1979, es decir, en los últimos 32 años tiene sólo un título; y sin embargo, nadie le escatima a Cruz Azul la etiqueta de grande; ¿es merecida?


Guadalajara en los últimos 25 años sólo tiene 2 títulos, en 1997 y 2006, mientras que en esos 25 años el Toluca ha ganado 7 campeonatos y el Pachuca ha ganado 5; y sin embargo, las Chivas siguen siendo consideradas un club grande, y al Toluca y al Pachuca se les ha escatimado ese nombramiento.


Considerando que en la historia del futbol profesional mexicano el equipo con más títulos es Chivas con 11, seguido de América y Toluca con 10, Cruz Azul con 8, Pumas con 7, Pachuca y León con 5, y Monterrey con 4, yo considero que 6 títulos es un requisito necesario para entrar al club de los grandes, pues 5 títulos no representan ni la mitad del número de títulos del máximo ganador. Por consiguiente, sólo Chivas, América, Toluca, Cruz Azul y Pumas reúnen este primer requisito.


Para el requisito de títulos recientes voy a considerar un poco arbitrariamente los últimos 15 años, y considerando que en ese tiempo ha habido 30 torneos, voy a hacer una regla de 3, como a continuación explico: para el total de historia profesional en México, 85 torneos, consideré en el primer parámetro como requisito el tener 6 títulos, lo cual representa un 7.05% del total. Aplicando esa proporción a los últimos 30 torneos, del Invierno 1996 al Clausura 2011, se requieren 2 títulos en ese periodo para reunir la consideración de grandeza. Los únicos equipos que lo cumplen son Toluca (7), Pachuca (5),  Pumas (4), Monterrey (3), Santos (3), Chivas (2) y América (2).


El tercer punto es el tener unas finanzas sanas, es decir, recursos suficientes para invertir por encima de sus deudas, o dicho en otros términos el capital necesario para realizar inversiones. Desgraciadamente no he encontrado información confiable sobre las finanzas de los equipos de futbol, siendo una pena que viven en la opacidad que da surgimiento a tanta sospecha tanto sobre su situación financiera real como sobre la procedencia lícita de sus recursos. Por supuesto, la Femexfut en nada ayuda, pues no proporciona ninguna información al respecto, volviéndose cómplice de este secretismo. Incluso al buscar información de las nóminas, la información resulta incompleta, pues o son datos viejos, o son recientes pero sólo de los clubes que están en la actual liguilla. Como quiera, junto información de aquí y allá, los clubes que parecen tener la nómina más alta son Monterrey, Cruz Azul, América, Tigres y Santos.


El cuatro parámetro a considerar al hablar de lo que hace grande a un club, es el número de simpatizantes, el tamaño de su afición, y a este respecto, considero cierta la opinión generalizada de que claramente los clubes más populares del país son Chivas, América, Cruz Azul y Pumas.


Resumiendo el análisis del futbol mexicano, América resultaría el club más grande del futbol con 4 requisitos cumplidos; Chivas, Cruz Azul y Pumas complementan el grupo con 3.


Al iniciar este ensayo no sabía yo a qué conclusión iba a llegar, y realmente yo esperaba que mis conclusiones hubieran sido diferentes, ya que ni simpatizo ni me gusta la forma en que son manejados ninguno de esos 4 clubes. Como un factor adicional, supongo que hay algo de rebelde en mí que tiende a oponerse al orden convencional y que, con más frecuencia de la que yo quisiera, me orilla a cuestionar lo comúnmente aceptado, lo dado por cierto por la mayoría, me lleva a preguntarme si lo dado por cierto por el grueso de la gente está bien fundamentado o sólo es considerado cierto porque desde hace mucho se le considera así, o porque si mucha gente lo considera verdadero, ha de ser que así es. En la práctica es muy, muy común encontrar mentiras aceptadas por una mayoría, que no resisten el menor cuestionamiento y se caen por el peso de su implícita falsedad. Yo esperaba que con los 4 clubes “grandes” sucediera eso mismo, pero para mi desilusión, los 4 equipos resistieron la prueba acientífica a que los sometí.

Así es que felicidades a América, Chivas, Cruz Azul y Pumas, y a no dormirse en sus laureles pues el mal manejo de sus finanzas, o la falta de títulos recientes, puede acabar con sus activos y producir el desencanto de hinchadas.

sábado, 12 de noviembre de 2011

La Misión y el matar a un inocente

Acabo de terminar de ver la película La Misión, de 1986, por segunda vez, después de muchos años, e igual que la vez anterior, me produjo una honda impresión.

Tengo a mi hijo junto a mí, el cual siempre ha sentido gusto y curiosidad por todo lo bélico (supongo que como casi todos los niños de su edad), y quedó, como yo, conmovido por las escenas que vio en los últimos 25 minutos, que fue lo que aproximadamente duró la batalla con que cierra la película. Sus comentarios fueron “qué malos son”, “yo le voy a los indígenas”, “¿por qué quieren quemar la iglesia?”, “¿también a los niños les van a disparar?”.


La película trata de una misión jesuita que a mediados del siglo XVIII llega a la parte alta de las cataratas de Iguazú, en los actuales límites de Brasil y Argentina, y que en ese entonces era una región habitada por los indígenas guaraníes, un pueblo aguerrido que sufría el acoso de tratantes de esclavos.

El territorio estaba rodeado por colonias españolas y portuguesas, que ansiaban apoderarse del territorio, de sus riquezas naturales, y de los indígenas para venderlos como esclavos.

A ese lugar llegaron los jesuitas y lograron convertir a la religión católica a los guaraníes, los convencieron de integrarse a la misión, y trabajar en ella, aprender oficios y un modo de convivencia cercano a lo idílico, en el cual, salvo el diezmo destinado a Roma, todos los recursos provenientes de su trabajo se quedaban en la comunidad, contribuyendo a su prosperidad.


Toda esa prosperidad produjo la ambición de las coronas española y portuguesa, que presionaron al Papa para que obligara a los jesuitas a retirar la misión y así poderse repartir el territorio. El Papa mandó a un emisario con el encargo de convencer a los jesuitas de disolver la misión.

Cuando el enviado del Papa llegó a la misión, quedó asombrado ante todo lo que habían logrado los monjes, y especialmente por los avances de los indígenas, quienes formaban una comunidad pacífica y trabajadora, que podía ser la envidia de cualquier pueblo o comunidad del más “civilizado” de los países europeos de la época. El representante papal llamó a este lugar “un paraíso”, y opinó que le dolía mucho tener que quitarle al mundo algo tan bueno. Sin embargo, él ya tenía su decisión tomada: la misión debía desintegrarse, para que los españoles y portugueses tomaran posesión de las tierras y de las personas.


De los cuatro jesuitas que integraban la misión, tres decidieron luchar ayudando a los guaraníes a combatir, aún a sabiendas de que la suya era una guerra perdida. El jefe de la misión, el padre Gabriel, se queda con niños, mujeres y ancianos en la iglesia.


Uno por uno van cayendo los defensores de la misión. Al final quedan frente a frente los europeos, con sus rifles y cañones, y los que se habían refugiado en la iglesia. Cuando la iglesia y todas las casas se comienzan a incendiar, los indígenas avanzan en dirección opuesta al fuego, mientras cargan una cruz y otros objetos sagrados, y sin ninguna arma, para toparse de frente con las balas de los soldados.
Como epílogo, sólo logran escapar de la matanza unos niños, que en una canoa se alejan para internarse en la selva.

Se comenta al final de la película que hasta nuestros días los indígenas guaraníes se esconden en la selva mientras ven reducidos cada vez más sus territorios.


Con ese comentario último de la película se manda el mensaje de que ése no fue un drama ocurrido hace unos 250 años, en otros tiempos, sino que es una historia de nuestros días, un drama que ocurre en nuestro mundo occidental, civilizado, moderno y tecnológico.


En todas las épocas y lugares, siempre ha ocurrido el ataque al prójimo para apropiarse de sus pertenencias. Mientras en nuestras sociedades siga prevaleciendo el amor al dinero y al poder, seguirá habiendo injusticias, y seguirá el rico y el poderoso aprovechándose del pobre y del indefenso.


¿Es este sistema abusivo parte de la naturaleza humana?, es decir, ¿es inevitable? Es muy difícil de decir. Pero mientras alcemos la voz y denunciemos las injusticias, habrá la esperanza de que prevalezca la justicia, la paz y el amor. Parece que no es mucho lo que cada uno puede hacer, pero es infinitamente mejor alzar la voz, aunque quizás no tenga eco, que quedarse callados y ser cómplices de aquello que nos empobrece y nos envilece.


Como dice el comercial: ¿Tienes el valor o te vale?

domingo, 9 de octubre de 2011

Mitos de la Historia de México parte 4

Continuación de las partes 1, 2 y 3.

No nos engañemos. No somos mejores que otros pueblos. Al igual que los habitantes de otras naciones, tenemos aproximadamente las mismas virtudes y los mismos defectos que ellos, porque como ellos, somos seres humanos. Pero a diferencia de otros pueblos, nos creemos superiores, casi perfectos, que así estamos bien, que otros pueblos nos envidian, y que por lo tanto no necesitamos cambiar.

Urge desmitificar nuestra realidad. Urge vernos cual somos. En psicología se afirma que para que una persona pueda cambiar para bien, primero debe conocerse, quitarse la venda de los ojos, porque mientras se crea quien no es, no va a querer ni a poder cambiar. Si eres violento, necesitas darte cuenta, y a continuación dar los pasos necesarios para cambiar. Si eres alcohólico, necesitar aceptarlo, antes de cambiar. Si tienes un complejo, necesitas estar plenamente consciente de éste, si es que quieres cambiar. Como nación es igual.

Necesitamos conocer nuestra realidad para crecer como personas, como pueblo, como nación. No podemos andar por la vida pensando que la culpa de nuestra situación es de otros, y que somos perfectos, y que sólo la mala suerte y el mal gobierno nos han hecho no ser prósperos, ricos.

Pero mientras de niños nos sigan haciendo creer en un pasado glorioso, en nuestra mala suerte, y en que somos un pueblo maravilloso, no vamos a querer ni a poder cambiar.

El meollo del asunto es que este mito del mexicano dueño de un pasado glorioso, una historia muy rica, héroes admirables, un pueblo unido en la lucha contra el opresor, un partido político tricolor que ve por el bien del pueblo y que sí lo entiende, un territorio rico que nos asegura riqueza a los mexicanos a menos que caigamos en las garras de nuestros enemigos internos y externos, enemigos que siempre nos han tenido envidia y nos quieren quitar nuestra riqueza, un pueblo amistoso, trabajador, hospitalario, noble y con valores sólidos, una Constitución maravillosa que reivindica nuestros derechos contra los poderosos, unos sindicatos que ven por nosotros, etc., etc., etc., mitos sobre mitos sobre mitos, todo ese sistema de mentiras, y tremendas exageraciones fue inventado desde el Gobierno, un Gobierno que con la ayuda de intelectuales y artistas, creó este sistema para que el mexicano se sienta superior, a la vez que lo hunde en la ignorancia a través de las mentiras, y creó este sistema a través de una educación pésima con énfasis en el memorizar, y en la cual al niño se le desincentiva a comprender las nociones básicas de matemáticas y ciencias en general. Porque un pueblo que no piensa es más fácil de manipular.

Y aunque duela, hemos sido manipulados desde el Gobierno para no pensar, para grabarnos en nuestro inconsciente las mentiras que se nos repiten sobre nuestra historia, sobre nuestra sociedad, y sobre nuestra realidad. Mientras sigamos en el engaño, seguiremos conformes con lo que somos y añorando lo que podríamos ser si los españoles no nos hubieran conquistado, si los "gringos" no fueran nuestros vecinos, si los empresarios no se aprovecharan de nosotros, si los funcionarios del propio Gobierno no fueran "transas", si no tuviéramos tan mala suerte, si nos sacáramos la lotería.

Pero cuando despertemos y nos demos cuenta de nuestra realidad, lucharemos para cambiar, y eso no le conviene a aquéllos que por décadas han salido beneficiados de ese sistema político vicioso y corporativo. Por eso existen tantas mentiras en los libros de Historia, y por eso no me puedo quedar callado, porque mi conciencia no me lo permite, y sé que a los mexicanos nos urge un cambio.

Veo en el futuro a un México en que la educación nos enseñe a pensar y no a memorizar. Un México de gente con valores, buena, noble, que confíe en los demás, trabajadora, honesta, creativa, digna de confianza, franca. Un México así va a generar gente emprendedora, que innove, que cree nuevas tecnologías, que cree empresas y genere empleos. Un México así va a aportar al Gobierno, a la policía, al Ejército, a todas nuestras instituciones gente grande, que se merezca los puestos públicos y active un ciclo virtuoso, en el que podamos confiar en nuestras instituciones, y podamos trabajar en paz.

El primer paso no lo hemos dado... El primer paso se da en la educación de los niños. ¡Ya basta de sólo memorizar los conocimientos! ¡Enseñemos a los niños a pensar! ¡Reinventemos nuestra historia descubriendo la realidad de nuestra Historia!

Mitos de la Historia de México parte 3

Continuación de las partes 1 y 2.

A mis hijos se les enseña en la escuela que debemos recordar con orgullo a los héroes de la Revolución, Francisco Madero, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, y a los presidentes que forjaron nuestra nación bajo el espíritu de la Revolución, principalmente Lázaro Cárdenas. Y se les enseña que la Revolución Mexicana fue un hito en nuestra historia, un suceso glorioso en que nos levantamos en armas contra el régimen dictatorial, injusto y regresivo de Porfirio Díaz, que fue una revolución social que persiguía la igualdad y la justicia, y logramos mejoras sociales para los pobres y desposeídos, plasmadas en nuestra Constitución del 5 de febrero de 1917, y aseguradas por la continuidad de gobiernos emanados de la Revolución que piensan y se preocupan por el pueblo.

Lo increíble de esta historia oficial citada como religión en los libros de texto por los maestros de escuela (quienes a su vez lo aprendieron de niños en sus escuelas, y realmente se lo creen), no es el que todo es una mentira, sino que nos la creamos.

La mayor mentira de todas es que hubo una revolución, cuando lo que en realidad existió fue una prolongada guerra civil. Guerra civil es una guerra entre habitantes de una misma nación. Revolución es un cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación. De 1910 a 1920 (o 1923 o 1928) hubo una guerra entre mexicanos que, salvo quizá el pequeño movimiento social de Zapata (quien nunca tuvo una auténtica visión de cambio social, sino que lo que lo movía era un reclamo de tierras para hacendados ricos y campesinos pobres de una pequeña zona del estado de Morelos), esa guerra civil no buscó nunca un cambio político (pues no buscó cambiar el sistema presidencial, republicano, representativo, democrático), no buscó nunca un cambio económico (pues no buscó cambiar el sistema capitalista, liberal, empresarial que tiene México desde que lo impulsó Benito Juárez), no buscó nunca un cambio social (pues no buscó la igualdad social), y por consiguiente no fue una revolución.

Venustiano Carranza, siendo presidente, y sin necesidad de hacerlo, dio vía libre a los constituyentes encargados de elaborar una nueva Constitución, y los legisladores más radicales lograron insertar ideas sociales en el nuevo documento; pero estas reformas sociales se dieron sólo en el papel, y se dieron a pesar de la guerra civil que sufrió el país en esos días. Esas reformas se dieron porque la sociedad ya estaba preparada para esos cambios.

En las décadas de 1850 y 1860, surgió un grupo de intelectuales que, influidos por las ideas liberales de la Ilustración y la Revolución Francesa, plasmaron sus ideas en diversas leyes y en la Constitución de 1857. De la misma manera, en 1917 había un grupo de intelectuales que habían madurado sus ideas desde al menos 10 años antes, influidos por las ideas socialistas (socialista no es un término implícitamente negativo, pues más bien implica la búsqueda de la igualdad social) venidas de Europa y EEUU, y plasmaron sus ideas en la nueva Constitución, aún cuando los jefes revolucionarios más importantes nunca comulgaron con esas ideas.

Los jefes "revolucionarios" fueron, simple y llanamente, y con la excepción de Madero ("San Panchito", como se le debiera recordar, pero ese es tema de otra historia), hombres con hambre de poder, y cuya hambre condujo a pelearse entre sí. Huerta (quien en esto no fue diferente que el resto) y Zapata fueron jefes "revolucionarios" que se levantaron contra Madero, y Huerta asesinó a Madero. Carranza, Villa y Obregón se levantaron contra Huerta. Villa y Zapata contra Carranza. Carranza y Obregón contra Villa y Zapata, hasta que Carranza logró asesinar a Zapata. Obregón contra Carranza hasta que lo logró asesinar. Obregón, ya en 1923, mandó asesinar a Villa. Y todos, con una sola ambición, el poder por el poder. Esa no es una revolución.

Plutarco Elías Calles, y Lázaro Cárdenas, los hombres fuertes del país de 1924 a 1940, con ayuda de historiadores, intelectuales y artistas, convirtieron la guerra civil, guerra de ambiciones, guerra por el poder, en la Revolución Mexicana que hoy es un mito y leyenda sagrado, y por el que hasta desfile hay cada 20 de noviembre.

Con el mito de la Revolución Mexicana, el gobierno mexicano, junto con un grupo amplio de intelectuales fantasiosos y, a su vez, acomplejados, terminó de armar la gran mentira de la historia e identidad de México.

Dado que histórica y culturalmente el mexicano (mestizo en su mayoría) carece de una identidad, emprendieron la tarea de forjarle una (falsa) identidad. Le inculcaron la mentira de que somos un pueblo con 3000 años de historia que por culpa de otros somos pobres. Esos "otros" son los españoles que nos conquistaron y se llevaron nuestras riquezas, los "gringos" que no nos permiten crecer, los empresarios que no piensan en el pobre, las transnacionales y demás intereses extranjeros que se quieren apoderar del mundo, cualquiera es bueno para achacarle la culpa de nuestro atraso, y deslindarnos de responsabilidad. Ese conjunto de mitos nos hace sentir víctimas, en lugar de asumir nuestra responsabilidad histórica de nuestros errores.

Los ejemplos del falso concepto que nos hemos formado de nosotros mismos, como pueblo, de las mentiras que se nos han hecho creer desde niños, abundan.

Por ejemplo, nos decimos un pueblo trabajador, pero carecemos de una cultura de trabajo, añoramos los puentes, hacemos "San Lunes", aprovechamos toda ocasión para celebrar y no trabajar.

Nos decimos que somos gente honesta (pobres pero honrados) pero la gran mayoría sigue como un credo el "el que no transa, no avanza", y buscamos transar al prójimo, y ya no se diga cuando alcanzamos un puesto público, pues "el poder embriaga", siendo que ya estamos "embriagados" desde antes. Cuando vemos un objeto olvidado cuyo dueño puede regresar a buscarlo, nos lo apropiamos, y si un hijo no lo hace, le decimos "no seas menso chamaco, ¿por qué no lo agarraste?" Y nuestra mayor ambición en la vida es agarrar algún "hueso" en el Gobierno o, en un sueño muy ambicioso, nuestra mayor fantasía es llegar a diputado, para tener poder, dinero y no hacer nada.

Nos decimos un pueblo solidario (como lo demostró el terremoto de 1985) pero en la vida cotidiana buscamos aprovecharnos de los demás, y vivir en el "agandalle".

Nos decimos un pueblo con valores familiares, pero lo que priva en nuestra sociedad es alguna forma de machismo, violencia familiar, sobreprotección a los hijos varones, drogas. Presumimos de fiesteros, y lo somos, aunque lo único que nos acarrea es endeudarnos por los quince años, el santo, o la boda, y el verdadero fondo de la fiesta es presumir que podemos hacer la fiesta, para aparentar lo que no somos, y el único ejemplo que damos es el ser irresponsables.

Nos enorgullecemos de ser hospitalarios, pero desconfiamos de los desconocidos; hablamos mal de los gorrones, nos gusta creernos superiores a los extranjeros, e insultamos a los que nos visitan, como en el clásico "pinche gringo".

Nos consideramos creativos y trabajadores, pero nosotros mismos, a la vez, nos reconocemos como flojos, reconocemos que trabajamos "al ai' se va", nos burlamos de nuestra propia realidad cuando reconocemos que un trabajo es "hecho a la mexicana", y para la cantidad de mexicanos que somos, los inventos e innovaciones tecnológicas que hemos aportado a la humanidad son proporcionalmente muy escasos.

Nos creemos amistosos, y nos asumimos como un pueblo bueno, pero en la calle insultamos al de junto, le echamos el carro al peatón, invadimos sus áreas así en la calle como en los estacionamientos, gritamos "quítate pendejo" o "quítate puto"; envidiamos al que tiene carro, y cuando adquirimos uno, tratamos con abuso al que no lo tiene, con calificativos como "pinche pobre"; y cuando festejamos lo hacemos con agresividad al son de "viva México, cabrones".