domingo, 20 de abril de 2014

Veracruz, 21 de abril de 1914. Hacen falta héroes

El 21 de abril de 2014 (mañana) celebramos 100 años de la "defensa heroica del puerto de Veracruz", la cual pongo entre comillas, no porque dude la heroicidad de la defensa, sino porque de tanto que se repite en toda clase de medios de comunicación ya parece que no puedes hablar de aquel 21 de abril de 1914 sin mencionar juntas esas palabras y de tanto repetirse terminan perdiendo cierto significado.
¿Qué es "heroico"? Según la RAE se dice de las personas y de las acciones famosas por sus hazañas y virtudes. En ese sentido es indudable que quienes defendieron el puerto de Veracruz fueron héroes.
Yo no entiendo bien porque se resalta más a unos que a a otros, pues los más nombrados son el teniente José Azueta y el cadete Virgilio Uribe, siendo que hubo otros jóvenes cadetes que también fallecieron en la defensa del puerto, como Jorge Alacio Pérez, y siendo que no queda claro en el caso de V. Uribe cuál fue su papel en la batalla, pero no pretendo discutir eso; supongo que el ser jóvenes y hasta la casualidad inciden en que unos figuren más que otros.
Sin quererme extender más en el tema para no desviarme, pero no puedo pasar por alto que según los más recientes avances científicos los jóvenes producen una sustancia en su cerebro que les impide de forma generalmente natural distinguir el riesgo real de una situación y, por lo tanto, el hecho de que un joven asuma un riesgo excesivo puede considerarse más una deficiencia química de su cerebro que una decisión razonada y aquilatada. Si sigo por esa línea de razonamiento podría deducirse que es más valiente la decisión de asumir un gran riesgo cuando la toma alguien mayor, y en todos los hechos heroicos tendría más mérito lo realizado por quien ya rebasó sus treintas que por un joven, ya que lo hecho por este último podría, a la vez que considerarse un acto de heroicismo, deberse también o al menos en parte a la imprudencia o intrepidez (falta de reflexión) de quien padece la influencia no deseada de una sustancia química propia de la juventud.

Volviendo al asunto que trataba, sustancias o no sustancias involucradas, fueron héroes los que defendieron el puerto aquel día de hace 100 años, la última vez que nuestro territorio nacional fue invadido o atacado por una fuerza extranjera, lo cual dota a estos personajes de un aura y un simbolismo que no tienen otros más antiguos defensores de la nación.
A pesar de lo expresado me pregunto: ¿realmente defendían a la nación? Vamos, sin duda que eso era lo que ellos pretendían. Como soldados de la nación, a las órdenes de un jefe máximo de las fuerzas armadas como era el presidente Victoriano Huerta, se necesita mucho patriotismo para defender una plaza, desobedeciendo las órdenes del mismo presidente que había ordenado la retirada de las fuerzas militares.
¿Por qué razón el presidente Huerta no quería defender el puerto? En este punto hay poca información (por la época convulsa que se vivía, plena Revolución Mexicana, con medio país levantado en armas contra Huerta, con una prensa muy limitada, y falta de archivos oficiales), pero se puede deducir que V. Huerta no quería una declaración abierta de guerra, pues el confrontar directamente a E.E.U.U. significaría para su gobierno el tener dos frentes de batalla, uno contra E.E.U.U. y otro contra los ejércitos rebeldes (Carranza, Villa, Obregón, Zapata, Orozco, etc.).
Uno de los aspectos de esta invasión que más solemos pasar por alto en México es lo que pensaba el enemigo. ¿Quería E.E.U.U. invadir México hasta la capital como lo hizo 7 décadas atrás? ¿Por qué se embarcaba E.E.U.U. en una guerra cuando en Europa estaba a punto de estallar la que fue llamada Gran Guerra y después Primera Guerra Mundial?
En los meses anteriores se dio un intercambio de comunicaciones e intercepción de otras más en que cada una de las naciones más poderosas del mundo buscaba saber más que el resto para tomar mejores posiciones económicas y adelantarse a los pasos siguientes de las potencias rivales. En este "juego de estrategias" E.E.U.U. y su rival y futura enemiga Alemania tomaron posiciones opuestas en relación al presidente V. Huerta quien en febrero de 1913 dio un golpe de Estado contra el presidente Fco. Madero y asumió la presidencia.
En E.E.U.U. Woodrow Wilson se convirtió en presidente el 4 de marzo de 1913 y una de sus primeras acciones fue destituir a Henry Lane Wilson como embajador en México, al conocerse el papel que éste, excediéndose por mucho en sus facultades, había tenido en el golpe de Estado y muerte de Madero (como nota aparte, la opinión pública estadounidense fue tan crítica en contra de Henry L. Wilson que no volvió a ocupar un puesto político, se tuvo que retirar a New Mexico y tuvo en los siguientes años que defenderse contra los ataques que recibió en la prensa, que lo acusaban, con razón, de haber contribuido a desencadenar el caos que vivía en ese entonces México).
El presidente W. Wilson era un idealista defensor del orden y la democracia que desde el principio consideró ilegítimo el gobierno de V. Huerta y buscó bloquear cualquier envío de armas a su gobierno.
Muchas naciones poderosas ya habían reconocido al gobierno de Huerta, pero por presiones de E.E.U.U., le retiraron su apoyo.
Alemania, por su parte, llevada por un interés económico (muchas empresas y capitales alemanes habían entrado a nuestro país) decidió seguir apoyando a Huerta. Además, a Alemania le convenía tener en México un gobierno aliado para que, en caso de guerra (la cual estallaría el 28 de julio de 1914), sirviera como segundo frente de batalla contra E.E.U.U., es decir, la tirada de Alemania era apoyar al gobierno de Victoriano Huerta para que México se aliara a Alemania y atacara a E.E.U.U. por la frontera que comparten, y con ello, E.E.U.U. tuviera dos frentes de batalla y no pudiera dirigir todo su apoyo militar a Europa.
E.E.U.U., vista esta coyuntura internacional, lo que menos quería era una guerra con México, pero sí hacer todo lo posible para que V. Huerta se fuera debilitando. Cuando E.E.U.U. supo que el buque alemán Ipiranga se dirigía al puerto de Veracruz para desembarcar las armas que esperaba el gobierno federal, E.E.U.U. supo que debía ocupar la aduana de Veracruz y con ello apoderarse de ese armamento. De ahí el aviso y advertencia al gobierno de Huerta y la respuesta de éste desalojando el puerto, una medida inteligente de Huerta, que entendía que estaba provocando a E.E.U.U. y que no le convenía un combate directo.
Resumiendo lo dicho en los últimos párrafos:
1. Huerta entendía que la ocupación de E.E.U.U. a Veracruz no era un ataque a la soberanía nacional, que México se estaba convirtiendo en una pieza del rompecabezas de alianzas y rivalidades internacional, y que E.E.U.U. no quería una guerra con México, por lo que decidió no jugar con el burro a las patadas y retirar unos kilómetros las tropas federales.
2. Los generales rebeldes, como Venustiano Carranza, Pancho Villa y Alvaro Obregón, entendieron que la ocupación de E.E.U.U. a Veracruz no era un ataque a la soberanía nacional, y al contrario la vieron con buenos ojos, ya que comprendieron correctamente que E.E.U.U. estaba principalmente contribuyendo a la caída del usurpador al que ellos combatían. E.E.U.U. fue un aliado suyo en la lucha contra Huerta. Por ello en ningún momento se opusieron a la ocupación estadounidense.
3. Los únicos que no entendieron de lo que se trataba eran el comodoro Manuel Azueta, los cadetes de la Escuela Naval y población del puerto, quienes se quedaron para organizar la defensa de una plaza que, en primer lugar, estaba destinada al fracaso, en segundo lugar, fue en contravención a lo dispuesto por el presidente al que dichos cadetes debían obediencia, y en tercer lugar evidenciaba su falta de conocimiento de la realidad nacional e internacional.
Los defensores del puerto de Veracruz aquel 21 de abril de 1914 fueron peones desobedientes en un juego en el cual ellos no estaban invitados.
Ese ciego proceder los hizo, quizá, más héroes, pues a ellos no les importó si los invasores apoyaban a éste o a aquél, sino que eran invasores y que ningún ejército invasor debería invadir a otra nación, y por ello los recordamos y honramos porque sin importar si tenían razón o no, defendieron sus convicciones, sus ideales, aun sabiendo que ello les iba a costar la vida. Esos son Héroes con mayúscula.
Hacen falta valientes que defiendan sus causas. Hacen falta HEROES.






No hay comentarios:

Publicar un comentario